jueves, 16 de marzo de 2017

Cuestión de confianza


Hace unos días estuvimos debatiendo sobre trabajo en equipo en el ámbito de las organizaciones sanitarias con un grupo de directivos y mandos intermedios de un hospital. Dos de los elementos clave para el fortalecimiento de los equipos asistenciales que se pusieron sobre la mesa fueron la confianza y el compromiso.

Respecto al compromiso, esa palabra tan vapuleada en los últimos años, hay que entenderla como una identificación con los valores de la organización y con la organización en si misma. Esa adhesión emocional, derivada de un contrato psicológico, hace que el profesional quiera estar en la organización (compromiso afectivo). A esto hay que unirle el compromiso normativo asociado a la lealtad y al deber moral. Hay otro tipo de compromiso que en nuestro análisis tiene un papel secundario: el de continuidad (asociado al contrato de trabajo y a la posible penalización por abandono). 

La base más emocional de este compromiso está ligada a la confianza que tiene el profesional en la organización. Y sin embargo, el nivel de confianza basal o de partida suele ser muy bajo en el caso de las organizaciones sanitarias. El profesional desconfía habitualmente de la organización para la que trabaja, piensa que le va a engañar, que esconde un as en la manga o que sus valores son más oscuros de lo que parece. ¿Es lógica esta desconfianza institucional? ¿Cual es el origen de esta situación que tanta influencia puede tener en la motivación y en el desempeño de los trabajadores?

En primer lugar, el histórico de acciones relacionadas con la crisis como las reducciones salariales, los despidos masivos en la administración pública sanitaria, etc. Además, un problema añadido es la situación de confianza en cascada: puede que en un hospital público el clima laboral sea bueno y los líderes estén muy bien valorados, pero hay ciertas decisiones estratégicas que vienen de muy arriba y que pueden minar la confianza existente. Esta situación provoca también el cansancio de los directivos dado que no pueden tomar las decisiones más adecuadas para el centro que dirigen.

Un estudio del año 2014 muestra 5 elementos que configuran la confianza de los trabajadores en la organización: preocupación por los trabajadores, sinceridad y honestidad, identificación con los valores, veracidad y consistencia del comportamiento directivo, competencia y eficiencia. En dicho estudio, el elemento que mejor predice la confianza es la preocupación por los trabajadores.

Además de los cinco elementos que determinan la confianza, hay dos aspectos que queremos destacar y que son casi transversales a todo lo que hemos comentado: la comunicación y la función directiva. Nunca nos cansamos de decirlo: la comunicación interna es un factor determinante para que el empleado perciba y conozca adecuadamente las acciones de la organización. Además, es esencial conocer otros canales alternativos (radio macuto, sindicatos, etc) y anticiparse a ellos, ya que si el último en informar es el jefe/directivo, puede dar la imagen de lentitud o de ocultar algo. 

Respecto a la función directiva, hay algunos estudios que empiezan a asociar el papel del directivo con los resultados asistenciales, pero hay algo más: la influencia de jefes y directivos en el trabajador, el papel del liderazgo, de la forma de dirigir y coordinar, la consistencia de sus actos con los valores, la sinceridad y la transparencia, el coraje y la claridad de ideas. Y por supuesto, la obligación de cuidar a los trabajadores, de preocuparse por su desarrollo, su futuro, su puesto de trabajo y por su salud. Es mucho tal vez, pero no hay otra opción. 

Y volviendo al principio: ¿por qué esa desconfianza tan elevada? Quizás sea debido a muchas causas, pero la inercia organizativa por la que se han asumido muchos problemas y errores del pasado y se han transformado en características sin buscar soluciones (como diría Javier Padilla), la presión de todos los grupos de interés y de poder que pululan alrededor de las organizaciones sanitarias buscando su trozo de pastel mientras siembran cizaña (como diría Asterix) y la desigual configuración de los puestos directivos y de jefatura (algunos muy buenos, otros muy malos) han contribuido enormemente a que hoy por hoy la confianza sea un bien escaso. Será cuestión de recuperar ese concepto de hospital magnético que tanto gusta y tan poco se practica en estas tierras...


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