jueves, 9 de marzo de 2017

Cuando la información no es suficiente: el caso de la alimentación saludable


En la mayoría de las estrategias de promoción de la salud, el cambio de comportamiento es el objetivo más perseguido. Empezar a hacer ejercicio, dejar de fumar, comer mejor, etc. son muchas de las recomendaciones más habituales en la consulta. Pero además, muchas de las campañas de salud pública que los gobiernos ponen en marcha tienen un objetivo similar.

Sin embargo, las políticas a nivel macro no se quedan solo con la intención de convencer al ciudadano y van más allá, llegando a intervenir en la sociedad para que el comportamiento "negativo" sea más difícil de realizar que el positivo. Un modelo muy conocido de políticas de salud basadas en la intervención y la modificación de conducta es la conocida escalera de Nuffield. Os dejamos a continuación una imagen que resume muy bien todas las posibilidades que incluye.


No vamos a revisar una a una, pero si pensamos en el caso del tabaquismo, podemos comprobar que se ha llegado a las opciones más altas de la escalera (las más intrusivas), casi con el máximo de intervención (impuestos, prohibición en determinados lugares, etc). Sin embargo, vamos a comentar una de las más utilizadas: la información.

Las campañas informativas pretenden recordar a la población de las consecuencias negativas para la salud de determinados comportamientos, y de la necesidad de cambiarlos por otros. En ocasiones se ponen en marcha campañas muy sencillas y en otras se utilizan técnicas de marketing social, pero es muy habitual elaborar materiales tipo folletos o carteles, con mensajes claros y muy básicos, que además habitualmente la población ya conoce.

La revista Obesity Reviews publicó a finales de 2016 una interesante revisión sistemática sobre las intervenciones en las cadenas de comida rápida para promover la elección de menús más saludables. Las conclusiones son muy claras: la información apenas tiene efecto en el comportamiento (calorías, efectos de la mala alimentación, etc), y la posibilidad de elegir otras opciones más saludables tampoco. Es necesario incluir incentivos a la elección (descuentos por ejemplos) o reducir las opciones menos saludables en los menús. 

En lo relacionado con las políticas de salud, las opciones de restricción y prohibición se asocian en ocasiones a un excesivo intervencionismo público sobre la vida de los ciudadanos, con el consiguiente dilema respecto a la (supuesta) libertad en la toma de decisiones y su relación con la sanidad gratuita. El debate lleva años en marcha (os recomendamos este texto de Padilla y Bilal sobre la responsabilidad del ciudadano ante determinados problemas de salud), pero cuando la salud de la población puede verse afectada, ¿vale (casi) todo?

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